Luhan
Inspirado por Anthony Neely – Dear Death
Era un frío día de invierno, y allí estaba ella, con su abrigo rojo, su gorro negro favorito y su bufanda enrollada alrededor de su cuello cubriéndole la mitad del rostro. Había intentado ponerse bonita usando unas medias negras y unos tacones también negros. Ella no era una chica a la que le gustara destacar demasiado, más bien era tímida y reservada para algunas cosas. Siempre había sido una persona querida por sus amigos, pero en el terreno amoroso estaba aún muy verde. Llevaba tiempo enamorada de aquel chico que siempre veía en las mañanas y que siempre desde lejos le dedicaba una dulce sonrisa. Él era como un ángel a sus ojos, no había nadie tan brillante en el mundo entero, Luhan sin duda era un chico único y popular. Todo había comenzado con un simple “hola” y algunos encuentros casuales en la biblioteca, al salir de clase o un fin de semana en alguna cafetería. allí estaba ella, apoyada contra la pared mientras se miraba los pies esperándolo. Sí, era una cita. Luhan le había pedido si tenía tiempo el fin de semana y ella no dudó ni 3 segundos en contestarle.
Era un frío día de invierno, y allí estaba ella, con su abrigo rojo, su gorro negro favorito y su bufanda enrollada alrededor de su cuello cubriéndole la mitad del rostro. Había intentado ponerse bonita usando unas medias negras y unos tacones también negros. Ella no era una chica a la que le gustara destacar demasiado, más bien era tímida y reservada para algunas cosas. Siempre había sido una persona querida por sus amigos, pero en el terreno amoroso estaba aún muy verde. Llevaba tiempo enamorada de aquel chico que siempre veía en las mañanas y que siempre desde lejos le dedicaba una dulce sonrisa. Él era como un ángel a sus ojos, no había nadie tan brillante en el mundo entero, Luhan sin duda era un chico único y popular. Todo había comenzado con un simple “hola” y algunos encuentros casuales en la biblioteca, al salir de clase o un fin de semana en alguna cafetería. allí estaba ella, apoyada contra la pared mientras se miraba los pies esperándolo. Sí, era una cita. Luhan le había pedido si tenía tiempo el fin de semana y ella no dudó ni 3 segundos en contestarle.
El frío viento soplaba congelando
sus mejillas, había llegado antes de la hora y ahora le tocaba esperarlo.
Estaba nerviosa, no había logrado pegar ojo la noche anterior a causa de su
nerviosismo. En su cabeza había imaginado mil historias y se había decidido.
Aquel día, como fuera, le confesaría su amor. Una mano en su hombro, y una
suave voz pronunciando su nombre la sacaron de su trance. Allí estaba aquel
ángel caído del cielo. Sonriéndole.
-
Hola! -
contestó sorprendida
-
¿Llevas mucho esperando? Lo siento – se disculpó
rascándose ligeramente la nuca con un gesto de preocupación
-
N-No! Estoy bien!
-
Vámonos pues – sonrió
-
Si :)
Caminaban en silencio bajo los
adornos navideños de las calles y entre la multitud. La gente iba y venía,
había miles de parejas que se cogían animadamente del brazo o se abrazaban,
mostrando su amor públicamente. Eso la incomodaba, deseaba poder hacer lo
mismo, deseaba poder saltar y coger a Luhan por el brazo. Deseaba tantas cosas
imposibles… Entraron a un café y se sentaron uno frente al otro esperando su
pedido. Luhan no dejaba de sonreír. Hablaron de muchas cosas pero ninguna
relevante. Sus compañeros, su día a día, los exámenes, hasta que su pedido
llegó, y con el, la valentía. Sosteniendo su chocolate caliente con ambas
manos, apretándolas, se lanzó al vacío.
-
Luhan… yo… quería decirte algo – habló – verás…
tú… eres muy buena persona, eres muy amable… yo…quería que supieras, que te
admiro. – falló.
Luhan estaba sorprendido, y la
miraba con ternura. Estiró sus manos para coger las de ella y estrecharlas con
suavidad. Ella lo miró a los ojos sorprendida. La mirada de Luhan era tan
cálida… Deseó con todas sus fuerzas que el tiempo se parase y pudiera hundirse
en aquellos ojos brillantes y puros que la estaban mirando.
-
Tú también. Siempre te he admirado – habló él –
siempre he pensado que eras increíble. – cogió aire mientras estrechó sus manos
con un poco más de fuerza pero aún con delicadeza – Siempre me has gustado. Por
eso te pedí que vinieras hoy.
No podía creerse lo que estaba
oyendo, y por un momento dudó de si era fantasía o realidad, pero aquellos
ojos, y el calor que desprendían sus palabras se sentía real. Tan real como las
lagrimas que empezaban a brotar de sus ojos y que él con suavidad retiró
acariciando su rostro.
-
Te quiero - susurró
- Yo también te quiero
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